Año 3

Nº 28

Mayo 2009  
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¿Quién es Gustav Klimt?
Por  Amalia Pati (*)
 

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Figura central del arte de fin de siglo en una de las ciudades europeas más pródigas en artistas provenientes de todas las áreas de la cultura, la Viena de S. Freud y Gustav Mahler, había nacido, en 1862, en Baumgarten, muy cerca de la capital del Imperio; admirado, sobre todo por las mujeres, fue también un artista polémico por sus innovaciones en la pintura y en el dibujo, que le valieron serias acusaciones. En 1892, se le encomendó la decoración de la entrada de la Universidad con alegorías que representaban las facultades de Filosofía, Teología, Jurisprudencia y Medicina, disciplinas que se impartían en la alta casa de estudios. El primer desacuerdo lo provocó Klimt con su  Filosofía, desacuerdo que llegó al máximo con las representaciones de Medicina y Jurisprudencia. El escándalo fue sometido a votación por el Congreso a resultas de la cual su trabajo fue calificado como excesivamente perverso. No obstante, Klimt no sólo que no se inmutó sino que produjo otra obra, titulada Goldfish, con el objetivo de burlar a los críticos; en ella, se puede ver a una sonriente mujer desnuda mostrando su espalda y sus nalgas al público. Convencido de que la colaboración con el estado era un camino erróneo para su arte, ésta fue la última obra que el pintor realizó para el gobierno y, de ahí en más, se convirtió en un rebelde.

 

El desnudo era, por cierto, moneda corriente en la pintura anterior al pintor vienés; sin embargo, Klimt fue un innovador en cuanto a que introdujo en el arte una gran sensualidad y un erotismo verdadero, además de la picardía y la provocación en algunas de sus escenas; como ejemplo de esto último basta con observar Goldfish.

 

Sus dibujos, en los que se pueden ver mujeres plácidamente recostadas mostrando de manera explícita los genitales, en unos, y masturbándose, en otros, siempre en posiciones eróticas, o parejas - que pueden ser un hombre y una mujer o dos mujeres - desnudos, amorosamente enlazadas durante el acto sexual, dan cuenta de las razones por las que en la época, muchas de sus obras fueron consideradas “pornográficas”.

 

Sin duda, la mujer tiene un papel relevante en la pintura de Klimt. Entre las figuras femeninas, que evocan personajes míticos o bíblicos, se cuentan Adán y Eva, en la que Eva ocupa un primerísimo plano que sólo una observación minuciosa permite ver detrás a Adán; la  Dánae de la mitología griega, y Judith, que ha sido pintada por numerosas artistas, entre otros muchos. Paralelamente, la vida personal y emocional de Klimt tiene algunos puntos de contacto con su obra: nunca se casó, pero tuvo muchas amantes y, se dice, que era un hombre de un apetito sexual exacerbado; tenía una debilidad por las “mujeres fatales” y sofisticadas; y algunas de las que posaron para los retratos, fueron, en efecto, sus amantes. Era común encontrar en su taller varias de ellas posando para su genio.

 

A la época de Klimt que comienza, en 1906, con el retrato de una mujer, Frietza Riedler, y culmina, en 1907, con otro retrato, el de Adele Bloch-Bauer, denominada la “edad de oro” del pintor, pertenece una de sus más célebres y bellas pinturas titulada El beso, una obra que fue aceptada y recibida con gran entusiasmo por el público burgués. Vista con detenimiento, muestra al hombre como el promotor de la caricia, en una situación desbordante de poder, y a la mujer, como quien acepta con resignación el beso al que parece ser sometida.

 

Este breve esbozo de algunas de sus obras no significa que Klimt haya creado sólo cuerpos desnudos y escenas amorosas; muy por el contrario, es autor también de numerosas landscapes – paisajes - relacionadas con su aprecio por la arquitectura y con una época de su vida más tranquila y plácida.

 

A pesar de haber sido denostado, en su momento, por la alegoría, Klimt nos honró a los médicos con su Medicina, en la que se puede ver a Hygeia, hija del dios Asclepios, quien, junto con su padre, era la diosa de la salud y la prevención de enfermedades. La pintura fue destruida por el fuego de los nazis en la guerra de 1914.

 

Parece ser que el genial e incomparable Klimt sufrió, en 1918, un accidente cerebrovascular que le produjo una hemiparesia derecha, que incluía la mano derecha con la que pintaba. Por esta razón, fue hospitalizado de inmediato pero, un mes después, murió de una “neumonía epidémica”, en el momento en que la epidemia de influenza azotaba Europa, de la que Viena no estuvo exenta.

 

 
 

  (*) Amalia Pati es médica clínica y licenciada en letras.
Colaboradora de la revista de Letras de la Facultad de Humanidades y Artes - UNR y coordinadora de esta edición.
Obtuvo el segundo Premio en el Primer Concurso Municipal de Ensayo 2005 con el ensayo: La tuberculosis y sus “metáforas” en el siglo XIX y principios del siglo XX: un debate abierto.

Correspondencia a:
pastoritap@yahoo.com.ar
 
 
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