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Figura central del arte de fin de siglo en una de las
ciudades europeas más pródigas en artistas provenientes de
todas las áreas de la cultura, la Viena de S. Freud y Gustav
Mahler, había nacido, en 1862, en Baumgarten, muy cerca de
la capital del Imperio; admirado, sobre todo por las
mujeres, fue también un artista polémico por sus
innovaciones en la pintura y en el dibujo, que le valieron
serias acusaciones. En 1892, se le encomendó la decoración
de la entrada de la Universidad con alegorías que
representaban las facultades de Filosofía, Teología,
Jurisprudencia y Medicina, disciplinas que se impartían en
la alta casa de estudios. El primer desacuerdo lo provocó
Klimt con su Filosofía, desacuerdo que llegó al
máximo con las representaciones de Medicina y
Jurisprudencia. El escándalo fue sometido a votación por
el Congreso a resultas de la cual su trabajo fue calificado
como excesivamente perverso. No obstante, Klimt no sólo que
no se inmutó sino que produjo otra obra, titulada
Goldfish, con el objetivo de burlar a los críticos; en
ella, se puede ver a una sonriente mujer desnuda mostrando
su espalda y sus nalgas al público. Convencido de que la
colaboración con el estado era un camino erróneo para su
arte, ésta fue la última obra que el pintor realizó para el
gobierno y, de ahí en más, se convirtió en un rebelde.
El
desnudo era, por cierto, moneda corriente en la pintura
anterior al pintor vienés; sin embargo, Klimt fue un
innovador en cuanto a que introdujo en el arte una gran
sensualidad y un erotismo verdadero, además de la picardía y
la provocación en algunas de sus escenas; como ejemplo de
esto último basta con observar Goldfish.
Sus dibujos, en los que se pueden ver mujeres plácidamente
recostadas mostrando de manera explícita los genitales, en
unos, y masturbándose, en otros, siempre en posiciones
eróticas, o parejas - que pueden ser un hombre y una mujer o
dos mujeres - desnudos, amorosamente enlazadas durante el
acto sexual, dan cuenta de las razones por las que en la
época, muchas de sus obras fueron consideradas
“pornográficas”.
Sin duda, la mujer tiene un papel relevante en la pintura de
Klimt. Entre las figuras femeninas, que evocan personajes
míticos o bíblicos, se cuentan Adán y Eva, en
la que Eva ocupa un primerísimo plano que sólo una
observación minuciosa permite ver detrás a Adán; la Dánae
de la mitología griega, y Judith, que ha sido
pintada por numerosas artistas, entre otros muchos.
Paralelamente, la vida personal y emocional de Klimt tiene
algunos puntos de contacto con su obra: nunca se casó, pero
tuvo muchas amantes y, se dice, que era un hombre de un
apetito sexual exacerbado; tenía una debilidad por las
“mujeres fatales” y sofisticadas; y algunas de las que
posaron para los retratos, fueron, en efecto, sus amantes.
Era común encontrar en su taller varias de ellas posando
para su genio.
A
la época de Klimt que comienza, en 1906, con el retrato de
una mujer, Frietza Riedler, y culmina, en 1907, con otro
retrato, el de Adele Bloch-Bauer, denominada la “edad de
oro” del pintor, pertenece una de sus más célebres y bellas
pinturas titulada El beso, una obra que fue aceptada
y recibida con gran entusiasmo por el público burgués. Vista
con detenimiento, muestra al hombre como el promotor de la
caricia, en una situación desbordante de poder, y a la
mujer, como quien acepta con resignación el beso al que
parece ser sometida.
Este breve esbozo de algunas de sus obras no significa que
Klimt haya creado sólo cuerpos desnudos y escenas amorosas;
muy por el contrario, es autor también de numerosas
landscapes – paisajes - relacionadas con su
aprecio por la arquitectura y con una época de su vida más
tranquila y plácida.
A
pesar de haber sido denostado, en su momento, por la
alegoría, Klimt nos honró a los médicos con su Medicina,
en la que se puede ver a Hygeia, hija del dios Asclepios,
quien, junto con su padre, era la diosa de la salud y la
prevención de enfermedades. La pintura fue destruida por el
fuego de los nazis en la guerra de 1914.
Parece ser que el genial e incomparable Klimt sufrió, en
1918, un accidente cerebrovascular que le produjo una
hemiparesia derecha, que incluía la mano derecha con la que
pintaba. Por esta razón, fue hospitalizado de inmediato
pero, un mes después, murió de una “neumonía epidémica”, en
el momento en que la epidemia de influenza azotaba Europa,
de la que Viena no estuvo exenta.
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