El medio es el
mensaje.
Herbert Marshall
McLuhan
¿Cual es el motivo por el
que los médicos celebramos
reuniones? ¿Por qué se nos
hace imperioso estar cerca
de nuestros colegas? ¿Por
qué los cafés, en los
intersticios temporales
forzados de la agenda? ¿Por
qué los mates en las salas
de médicos? ¿Por qué las
salas de médicos? ¿Por qué
las reuniones científicas?
El hecho de que necesitemos
reunirnos suele pasarnos
desapercibido porque, en
general, a estas reuniones
les adjudicamos objetivos
definidos. Así, podríamos
decirnos que nos reunimos
para mantenernos
actualizados
informativamente. O,
también, que nos reunimos
para compartir nuestras
experiencias usando ciertos
instrumentos técnicos. O,
sencillamente, que nos
reunimos para aprender.
Indudablemente que todo esto
sería cierto.
Pero, ¿será también que la
incertidumbre
en la que vivimos sumergidos
se nos hace intolerable y
nos reunimos en términos de
grupo de auto-ayuda? ¿Será
que sometemos a prueba
nuestra identidad en cada
consulta, y necesitamos
recordarnos periódicamente?
¿U olvidarnos?
Suele pasarnos que
concurrimos a jornadas o
congresos y que, esa
necesidad de reunión con los
colegas se va diluyendo en
su transcurso, logrando que
las incertidumbres de
desvanezcan, los esqueletos
se fortalezcan, los
paradigmas se consoliden. O
puede pasarnos que asistamos
a reuniones que nos abran a
reflexionar sobre las
implicancias y magnitudes de
la práctica de esta
profesión.
En la Segunda Jornada
Internacional de Medicina
Interna, celebrada el 22 de
octubre pasado, organizada
por Intramed, la 1ra Cátedra
de Clínica Médica y
Terapéutica de la Facultad
de Ciencias Médicas de
Rosario y la Asociación de
Medicina Interna de Rosario,
hemos sido testigos y
protagonistas de un evento
de esa naturaleza.
Un ambicioso programa
científico, heterogéneo en
sus contenidos y
plataformas, enriquecido
desprejuiciadamente con
espacios de reflexión sobre
el existir médico y, por qué
no, humano, constituyeron un
ovillo posmoderno que
recordaba, sin responder, la
vieja pregunta sobre el
carácter artístico o
científico de la medicina.
Hemos escuchado conferencias
de alta calidad científica y
didáctica y, también,
reflexiones de diferente
impacto emocional que, por
momentos, jaqueaban lo que
ni siquiera nos preguntamos,
por considerarlo de hecho.
Nos ha quedado mucha
información, y también
algunas preguntas sin
respuesta.
Mañana volveremos a nuestros
consultorios, pasillos y
salas, y trataremos de hacer
lo nuestro de la mejor
manera posible. Y quizás
todo haga pensar que nada ha
cambiado. O quizás, estas
Jornadas nos recuerden, en
términos de meta-mensaje,
que todo puede ser, como
mínimo, de otro modo.
Ramón Ferro |